Hoy se cumplen 29 años del brutal asesinato del reportero gráfico de la revista Noticias José Luis Cabezas en Pinamar y recordarlo sigue siendo imprescindible para pensar nuestro presente. Quienes ejercemos el periodismo experimentamos un ataque sistemático por parte del Estado, que se expresa en múltiples formas de violencia simbólica, material y física. Son ataques a la libertad de expresión y al derecho de informar.
En 1996, Cabezas logró fotografiar a Alfredo Yabrán, un empresario y socio privilegiado del gobierno menemista que operaba con impunidad desde el anonimato. Su aparición en la tapa de la revista Noticias desató una respuesta violenta: el reportero gráfico fue golpeado, recibió dos tiros en la cabeza y su cuerpo fue calcinado en una cava de General Madariaga el 25 de enero de 1997. La ferocidad del crimen fue un mensaje claro, a modo de escarmiento para toda la sociedad.
En el contexto actual del gobierno de Javier Milei el objetivo de silenciar a la prensa cobró nuevas fuerzas: el hostigamiento, la estigmatización y la violencia llegan desde el propio Estado, en sintonía con los poderes económicos: así se desguazaron los medios públicos, se intervinieron los organismos de control, se recortó la pauta oficial y se avanza ahora contra el Estatuto del Periodista Profesional en el marco del proyecto de reforma laboral. Como parte del plan se añaden las campañas de hostigamiento en redes sociales contra comunicadorxs y declaraciones del mismísimo presidente JM que llama a “odiar a los periodistas” y echa mano de la represión para garantizar su proyecto económico de hambre y entrega. Ya hay un tremendo caso por esa violencia, el del fotoperiodista Pablo Grillo impactado en su cabeza por el disparo que hizo un gendarme de un cartucho de gas lacrimógeno. Y muchxs otrxs baleadxs, heridxs, golpeadxs, entre trabajadorxs de prensa, jubiladxs y manifestantes solidarios.
En estos 29 años, que coinciden con los 50 del golpe militar genocida de 1976, la memoria nos revela que persisten las acciones deliberadas para desalentar la aparición en el espacio público de las miradas comprometidas de trabajadorxs de prensa, miradas que aportan datos para desmentir noticias e imágenes falsas, que orientan en medio de la sobreinformación banal y que ayudan a comprender la realidad para luchar por una sociedad justa. Entre el pasado y el presente, entre Cabezas y Grillo, también hay una continuidad que requiere ser sostenida: la del periodismo ético, comprometido con lo colectivo y con el derecho a la información. Cabezas presente. Justicia por Pablo Grillo.